
Hubo un tiempo en el que montar un PC era un ejercicio de equilibrio y astucia. Todos recordamos esa sensación de investigar durante semanas hasta dar con esa pieza mágica, esa tarjeta gráfica que por poco más de doscientos euros te permitía jugar a todo lo que salía al mercado sin tener que vender un riñón. Era la época dorada de la gama media, el territorio donde los usuarios de a pie nos sentíamos los más listos de la clase. Pero si echamos un vistazo al catálogo de componentes actual, nos daremos cuenta de que ese territorio ha sido arrasado y convertido en un lujo que ya no pertenece a la mayoría.
El secuestro de los precios y la muerte del sentido común
La realidad es que los fabricantes han decidido dar un hachazo al sentido común. Lo que antes era un escalonamiento lógico de precios y potencia se ha transformado en una carrera por ver quién exprime más la cartera del entusiasta. Hoy en día, entrar en una tienda y pedir algo de «gama media» es casi un chiste de mal gusto; te ponen sobre el mostrador cajas con precios que hace tres generaciones pertenecían a la gama más alta y entusiasta. Nos han movido la portería a mitad del partido. Ahora, una tarjeta con terminación «60», que debería ser el estándar del pueblo, cuesta lo que antes costaba un PC completo. Y lo peor no es el precio en sí, sino la sensación de que nos están vendiendo hardware recortado envuelto en un marketing brillante que intenta justificar lo injustificable.

El truco del software para tapar hardware mediocre
Para tapar esta falta de potencia bruta en relación al precio, la industria se ha sacado de la manga el truco del software. Ahora ya no importa si el hardware es capaz de mover los píxeles por sí solo; todo se fía a la inteligencia artificial, al reescalado y a generar fotogramas de la nada para que el contador de FPS no nos dé ganas de llorar. Es una trampa absoluta. Es como si te compras un coche que no pasa de cien, pero te dicen que si miras por el retrovisor digital parece que vas a doscientos. Se han vuelto vagos porque saben que, al final, la falta de competencia real les permite dictar las reglas del juego. Nos están obligando a pagar por promesas de software lo que antes pagábamos por transistores y potencia real.
Un mercado elitista que nos empuja a las consolas
Este escenario está empujando a muchos usuarios a abandonar el barco del PC. Por el precio de una tarjeta gráfica de esta supuesta nueva gama media, te compras una consola de última generación y te sobra para el postre. Los fabricantes parecen haber olvidado que el corazón del hardware para PC siempre fue la comunidad de gente que buscaba la mejor relación calidad-precio. Si sigues apretando la cuerda, al final se rompe, y lo que nos queda es un mercado elitista donde solo juegan los que pueden permitirse pagar caprichos de tres cifras por componentes que hace años serían considerados de entrada. La gama media no ha muerto por causas naturales, la han ejecutado a base de avaricia, y los que sufrimos las consecuencias somos los que simplemente queríamos disfrutar de nuestra afición sin tener que pedir una hipoteca.
¿Crees que pagamos más de lo que las grandes empresas de hardware nos están vendiendo?
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