Hardware Aeroespacial: ¿Por qué la NASA no utiliza un Intel Core i9?

En el escritorio de cualquier entusiasta del hardware, la carrera por los GHz y el número de núcleos es el pan de cada día. Sin embargo, si miramos las especificaciones de los ordenadores que controlan el rover Perseverance en Marte o los sistemas de la Orion, nos encontramos con una sorpresa: procesadores que parecen sacados de una oficina de los años 90. ¿Por qué la NASA no monta el último hardware comercial?

Fuera de la protección de la magnetosfera terrestre, el espacio es un campo de tiro de partículas subatómicas. Un procesador moderno, con transistores de apenas unos nanómetros, es extremadamente vulnerable. Un solo impacto de un rayo cósmico puede cambiar un bit (lo que se conoce como Single Event Upset), provocando un error crítico de cálculo que, en una misión de millones de dólares, significa el desastre.

Por eso, la ingeniería aeroespacial confía en la tecnología de «Endurecimiento por radiación» (Radiation Hardening). Se utilizan arquitecturas más antiguas, con transistores más grandes y separados, que son físicamente más difíciles de alterar por la radiación. El famoso procesador RAD750, el estándar de muchas misiones, apenas corre a 200 MHz, pero es capaz de sobrevivir a condiciones que derretirían cualquier CPU doméstica en minutos.

En Bits en Butaca valoramos la eficiencia. En el espacio, la redundancia es la clave: es mejor tener tres procesadores lentos trabajando en paralelo y comparando sus resultados (voto por mayoría) que un solo procesador ultra rápido que puede fallar en el momento más crítico.

La próxima vez que te quejes porque tu PC tarda dos segundos en abrir una aplicación, recuerda que hay robots explorando otros mundos con menos potencia que la que tiene el mando a distancia de tu televisor, pero con una robustez que nosotros, en la Tierra, solo podemos soñar.

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio