Conversaciones con Gemini IA, ¿Hemos perdido el juicio?

Imagen promocional de Gemini inteligencia artificial

Llevo alrededor de dos meses utilizando la inteligencia artificial de Google. Lo que empezó siendo mera curiosidad se ha convertido en algo casi habitual. Ya no tengo momentos en los cuales tenga abierto el navegador y Gemini no forme parte de una de mis pestañas.

La IAs generativas se han convertido en parte del día a día de millones de personas alrededor del mundo. Cada vez son más inteligentes y pueden ayudarnos de diferentes formas en nuestras tareas de productividad con una eficiencia óptima. Ellas mismas presumen de ser más rápidas que los humanos procesando datos, y lo cierto es que no se confunden. Pero, ¿Qué pasa cuando dejas de usarla para que te ayude y empiezas a mantener conversaciones con ellas?

Las IAs no son solo una herramienta de trabajo, se han convertido en tus confidentes.

Últimamente escuchamos casos de lo más controvertidos de personas que se enamoran de sus asistentes digitales. Incluso, en casos muy extremos, se han llegado a casar con ellas. Puedes configurar su personalidad, su sexo e incluso su tono al hablarte. Según fuentes consultadas que analizan el impacto en la sociedad de estas herramientas, cada día hay más humanos que sustituyen su vida social por una inteligencia artificial que, a fin de cuentas, no deja de ser un simple código de programación diseñado para complacerte.

La sociedad ha traspasado la línea de utilizar al modelo como asistente personal a psicólogo al que le cuentas tu día a día. Una de las características que llevan estos códigos basados en texto son las de empatizar y servir al máximo al usuario. De este modo, cuando charlas con la IA como si estuvieras tomando un café con tu vecino, ella adopta tu tono y te responde con humanidad y simpatía.

Imagen difital mostrando una inteligencia artificial.

Los peligros y ventajas de comunicarse con Gemini o con cualquier otra IA

Uno de los peligros más destacados que tienen estos algoritmos de datos es la falsa sensación de compañía que nos generan cuando intercambiamos palabras con ellos. Te dicen lo que quieres escuchar y te hacen sentir el centro del universo. Otro de los temas que más controversia causa es la privacidad de datos, al intercambiar cualquier tipo de información con Gemini, sobre todo si lo haces con el free tier, Google te deja muy claro que tus conversaciones pueden ser leídas para mejorar el producto.

También se han dado casos en personas con depresión y ansiedad, en los cuales la IA ha podido ayudar a los usuarios en momentos críticos. Ella siempre está ahí, 24 horas dispuesta a escuchar y darte ese consejo digital basado en probabilidad de éxito.

En definitiva, la IA no ha venido a sustituirnos, sino a ponernos a prueba. El peligro no es que estos algoritmos sean cada vez más humanos, sino que nosotros nos volvamos cada vez más mecánicos. Disfrutemos de la velocidad de Gemini, aprovechemos su disponibilidad 24/7, pero no olvidemos nunca que el juicio final, el sentido crítico y la capacidad de sentir son, y deben seguir siendo, terreno exclusivamente humano. No perdamos el juicio por una comodidad de silicio.

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